

El pasado día 11 después de la celebración de las elecciones generales pude cumplir un deseo que siempre había tenido: visitar la gran manzana y la capital de los Estados Unidos.
Que se puede decir de la ciudad por antonomasia; un emocionante ritmo de millones de personas enganchadas al móvil, con un ritmo frenético y consumiendo cantidades enormes de cafés en grandes vasos de cartón mientras caminan con paso decidido hacia su trabajo. New York es la ciudad de la luz de pantallas, de las ventanas iluminadas, de las eternas sirenas de policías y del amarillo característico de sus millones y millones de taxis esquivando homólogos obstáculos.
Una ciudad apasionante donde si buscas encuentras, grandes edificios, zonas degradadas, calles con encanto y mucho, mucho vapor en las calles. Nada mas llegar a su aeropuerto internacional de JFK te reciben los rudos e imponentes agentes de la ley cual serie televisiva y mientras recorres las entradas a Manhattan te das cuenta que la vida de la ciudad esta en los suburbios. Lo que para nosotros puede ser un parque de atracciones temáticos según la serie que recordemos (coches de policía como en “Canción triste de Hill Street”, grandes edificios y buffets como en “Luz de Luna” o grandes edificios de compañías de televisión como en “Marphy Brawon” o el inmenso piano de la película “BIG”) se mezclan con el típico bar americano de Cherrs y sus interminables puestos callejeros de perritos calientes.
Sin olvidarnos de Broadway y sus teatros, auténticos templos de los musicales o las tiendas de ropa de precios astronómicos, sin dejar de recordar los museos como el Moma o Metropolitan.
Pero también los contrastes son claros cuando visitas la capital, Washigton. La ciudad esta hecha para desarrollar su papel de ombligo del mundo. Calles anchas y custodiadas, enormes edificios que ninguno supera la altura de los 14 pisos, grandes monumentos e imponentes medidas de seguridad que hacen que el ritmo sea otro. Claro que después del 11 de septiembre la oportunidad de observar y conocer los grandes estamentos emanados de la fundación del país el 4 de julio, es casi imposible. Todo hay que decir que en El ala oeste de la Casa Blanca el propio edificio que da nombre a la serie, como en todo en la TV, parece más grande de lo que es.
En definitiva es otra cultura, otra visión del mundo exterior e interior, allí donde el lujo y la ostentación se hacen palpables con grandes edificios, interminables y lujosas entradas a hoteles y edificios de alto nivel se mezclan dos calles más atrás con un comedor para desasistidos y vagabundos.
EEUU es un país para conocer, vivir intensamente y disfrutar de sus contrastes, conocer su filosofía de vida y formas de concebir el día a día. Simplemente curioso e impresionante.